
Mencione dos libros que cambiaron su vida:
El primero es, obviamente, el Libro de Familia. La familia en la que naces, más que el País o la situación económica de esta, es donde realmente se aprenden los valores. Los hijos de un matrimonio ven día a día lo que hacen sus padres, y estos niños imitarán en mucho a los padres.
Es sabido que si en casa no se consume nunca alcohol, es muy probable que los hijos no beban alcohol. Lo mismo se aplica al tabaco. Si ven al papá leer el periódico todos los fines de semana o todos los días, al final pillarán uno de esos periódicos para ver que se cuanta en ellos. De hecho un buen amigo me dijo que salvo el núcleo duro de tu familia, pocas ayudas vas a tener de «amigos» y conocidos, sobre todo si te van mal las cosas en la vida. Con núcleo duro quiero decir los miembros de tu familia con los que convives todos los días.
Si en la familia algo no sale como se esperaba, los hijos ven cómo los padres «capean el temporal» y aprenden a cómo no frustrarse cuando las cosas no van bien. Realmente la familia (el núcleo duro) es una escuela para la vida.
El segundo libro son las Sagradas Escrituras. ¿Por qué? Hablo desde mi experiencia personal. La vida, y esto lo sabe todo el mundo, da muchas vueltas; pero muchas, muchas. Aquello que parecía «fácil» lograr y que se anhelaba, por el motivo que sea se trunca. La vida te acaba de pegar un palo inesperado. Y como la vida no viene con un manual, intentas tirar por donde se pueda para ser de nuevo feliz. Parece que lo que vistes en casa te puede ayudar mucho. Pero hay veces que el «palo» es muy difícil de superar. Vas dando «tumbos» de aquí para allá como un zombie, buscando la felicidad en sitios equivocados. Decían que había un hombre tan pobre tan pobre, que solo tenía dinero.
Cuando ya no puedes mover ninguna ficha en tu vida… ¿A quién acudes? Yo acudí a Cristo Jesús, a través de la confesión de vida y del rezo constante del Santo Rosario todos los días. Ahora soy mucho más feliz. Ves la vida de otro color, desde otra perspectiva.
Pueden preguntarse, si Dios existe. Efectivamente existe: a veces la sanación de una enfermedad es instantánea (sea del tipo que sea, incluso enfermedades mentales y hay testimonios) Otras veces cuesta más: debes poner de tu parte. Podría estar escribiendo mucho, pero si tienes un problema gordo (y no hablo de dinero, aunque también podría ser el caso como el de estar parado) y le pides ayuda a Dios de forma humilde, El te va ayudar. ¡Pero!, si te conviertes al Cristianismo Católico y te dispones a llevar vida de católico practicante.
A Dios, los que no les gusta en absoluto, son los tibios o grises. Él perdona antes a una persona que se opone a Él de forma tajante debido a su formación que a uno que juega a dos bandas. Si te conviertes, te confiesas con una confesión de vida que puede llevarte perfectamente horas y horas, y haces vida practicante, los problemas serán menos problemas. Y quizás incluso se arreglen.
Muchos dicen: «yo le pido a Dios pero no escucha» Él sabe mucho antes que tú qué es lo que necesitas, el problema es que no se sabe pedir.
