¿Y cuando te vimos hambriento?

¿Y cuando te vimos hambriento?

Desde Biblia Reina-Valera, 1960

Evangelio de Mateo 25,31-46

El juicio de las naciones:

31 Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria,

32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

33 Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;

36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

37 Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?

38 ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?

39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.

41 Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;

43 fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.

44 Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?

45 Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.

46 E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

REFLEXIÓN, DESDE ESTE ENLACE

El Evangelio nos entrega un mensaje central y repetitivo: atiendan a los humildes, a mis preferidos, a los hambrientos y sedientos, los pobres, los enfermos, los humildes, abandonados y discriminados…

¿Por qué? Porque en nuestro caminar cotidiano muchas veces pasamos de largo, o nuestra mirada prefiere no toparse con un escenario así, porque nos incomoda y nos exige respuesta.

Así, no es Jesús que nos impide entrar en el Reino, sino nuestra práctica de no acoger al otro, la ceguera que nos impide reconocer el rostro de Cristo en los pequeños.

Meditemos sobre el mensaje del Señor: cada vez que le hacemos esto a un pobre, así tratamos al Señor, al que creemos servir bien solo rezándole algunos Padrenuestros o Avemarías, o ¡asistiendo fielmente a la Misa Dominical! Hoy más que nunca debemos procurar ayudarnos a «vivir y actuar al modo de Jesús», pues la Justicia del Reino no se alcanza observando normas y prescripciones, pero sí acogiendo a los necesitados. Busquemos más bien compartir lo que tenemos, procurando la justicia y el bien común.

¿Qué es lo que más te ha llamado la atención en la parábola del Juicio Final? ¿Estamos reconociendo al Señor en los «más pequeños» y postergados de nuestros días?

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