
No debemos preocuparnos por todo. Eso hace que nos entristezcamos y que perdamos la perspectiva.
Abandónate en Jesús, en Dios y en su infinita misericordia. Esto no quiere decir que no pongamos de nuestra parte en el día a día. Cuando los católicos hablan de «abandonarse» en Jesús, no es sinónimo de tirarse en el sofá y ya. Es sinónimo de pensar que, por mucho que «nos comamos el tarro» si no dejamos que Él llene nuestra vida con paz interior, nunca seremos realmente felices.
Habla con Jesús en el Sagrario, cuéntale tus tristezas sin orgullo y sin estar altivos. Jesús desea fervientemente que le cuentes tus cosas. Él ya sabe antes que nosotros qué es los que necesitamos. Él solo demanda compañía porque está deseando nuestra felicidad, que no es felicidad al modo del mundo.
Jesús dijo que todo lo que le pidamos al Padre en su Nombre nos sería dado. El problema es que no sabemos pedir. El nos secará las lágrimas y nos dará un bastón para continuar el Camino.
